La llegada del primer bebé

Cuando una pareja decide formar una familia, es inevitable que esta sufra cambios en su relación cotidiana. Dentro de los primeros ajustes se encuentra la nueva repartición de responsabilidades, así como el ejercicio de los roles paternales y maternales.

Es oportuno aclarar que si bien la llegada del nuevo bebé ocupa una buena parte de nuestro tiempo y atención, no olvidemos que ese es un rol tan importante como el de pareja. No dejemos que la demanda de tiempo que estamos experimentando en esa etapa de vida en familia se vuelva dominante, desplazando la relación de pareja a un último nivel de importancia. Somos la totalidad de la suma de varios roles. Somos padres, hijos, hermanos, esposos, trabajadores, y muchos más papeles en la vida, y así como la llegada del primer bebé alterará nuestro quehacer diario, los matrimonios, el primer empleo, también fueron eventos que de forma natural cambiaron la estructura de nuestra vida.

Comprendamos que detrás de la maravillosa dicha de tener un bebé en nuestro hogar, hay un nuevo elemento de presión, y por supuesto, un cambio en la relación de pareja. El primer sentimiento que despierta es la incertidumbre, dado que nada nos puede preparar para la responsabilidad de ser padres. La relación de pareja tendrá un nuevo color. La rutina se impone, y parecerá que todo gira alrededor del niño. Es un proceso natural de transición de la relación, pero debemos interpretarla como una evolución natural de nuestra vida en pareja. La clave para coexistir de forma exitosa en esta nueva fase de la relación está en la cooperación.

La paternidad es una buena oportunidad para afianzar los vínculos entre los nuevos papá y mamá, demostrando solidaridad, comprensión, compañerismo. Los quehaceres del día a día se complican, y una simple escapada para el esparcimiento puede ser toda una odisea. Sin embargo, si ambos padres se hacen compañeros en el trabajo de esta nueva faceta, el sentimiento de complicidad florecerá para reforzar la unión.

Las necesidades de los niños pequeños son exigentes, pero dentro de esa labor como suplidores, deben encontrar espacios para los dos, o para los tres, aunque sea para pasar tiempo en la cama o paseando en el parque. Siempre hay una oportunidad de escape, pero se debe hacer lo posible de apelar por la creatividad para propiciar el encuentro. Si no suplimos nuestras necesidades emocionales, no tendremos el empuje para atender a esa criaturita demandante. Por ello, debemos buscar espacio para sentirnos bien nosotros como individuos y como pareja.

Unas palabras para el nuevo papá

Las mujeres viven procesos biológicos que también afecta su respuesta hormonal. Han pasado 9 meses de embarazo con varios cambios y alteraciones físicas que de entrada hacen que su pareja llegue cansada al momento de ser madre. El bienestar de todos, depende del grado de colaboración que pueda ofrecer.

La tarea de atender a su pequeño es de 24 horas, y si el trabajo hace imposible que puedas dar una mano con el pequeño, trata de ofrecer ayuda en las noches, en las madrugadas o algún día del fin de semana, que permita a la madre descansar. Al pasar los meses, el niño demandará menos, y podrán relajarse un poco más.

Una recomendación para la nueva mamá

No debemos excluir al padre de las labores del cuidado de los bebes, porque esa es una hermosa experiencia que no ha de denegarse. Esos roles y rutinas deben ser compartidas. Muchas mujeres acaparan todas las tareas de cuidado del bebé de forma celosa, en parte por desconfianza a la aptitud del hombre en tales faenas, y también por seguir viejos estereotipos aprendidos de las mujeres de su familia en generaciones anteriores. Esa actitud aprehensiva termina perjudicando a las madres mismas, agotándolas.

En estos tiempos modernos, donde pronto la madre sale a trabajar y ayudar en la economía del hogar, el hombre debe y tiene derecho a participar en atender las necesidades del niño. La madre debe evitar ser sobreprotectora. Puede que esté convencida que el padre no sabrán cambiar el pañal o dar el tetero de la forma correcta, pero debe darle la oportunidad de aprender. Incluso si ellos se muestran renuentes o apáticos a ello, debe incentivarlo a participar, porque seguro le tomará el gusto al encanto de cuidar directamente a su hijo, y es la única forma que se integre a la rutina. Atender al niño es agotador, pero no es ciencia espacial.

Esos momentos representan un compartir elemental, y de esta forma la relación padre-hijo se fortalece desde temprano. El padre que solo aporta el dinero a la casa deja un vacío emocional, que se va haciendo costumbre y luego no tendrá el lazo afectivo necesario en la crianza.

Habrá tareas que a uno de los padres le gusta y al otro no. Las que no les guste a ninguno, se negocia. Uno da tetero en las noches y el otro los puede lavar en la mañana, por ejemplo. Esa colaboración no tiene precio, y enriquece a la pareja incluso más que los días de paseo y fiestas de antes.

Durante las primeras semanas o meses, incluso la madre puede llegar a dudar de sus capacidades y pensar que no es buena mamá. El cansancio le llevará a tener sentimientos encontrados sobre la experiencia, y eso es normal. No se desanimen. Después de meses esperando con ansias al bebé, puede que se haya idealizado toda la vivencia como una hermosa experiencia, como de cuentos de hadas. Por supuesto que el sacrificio lo vale, pero el cansancio puede jugarnos un mal rato y hacernos pensar que nuestra vida se volvió todo un caos, que no volveremos a disfrutar de momentos de tranquilidad. Eso no es cierto. La vida ciertamente no volverá a ser la misma, y hay condicionamientos nuevos en nuestra rutina diaria, pero es una nueva forma de ser feliz, de la misma manera que nuestra vida cambia cuando nos independizamos de nuestro hogar paterno, o cuando nos casamos. Con el tiempo descubriremos que en la paternidad habrá miles de momentos maravillosos y nuevas fuentes de felicidad.

Es natural que necesitemos un tiempo de acople, un tiempo de acondicionamiento, y es por eso que debemos procurarnos el tiempo necesarios para dedicarnos a nosotros mismos, a nuestro bebe, a nuestra pareja y a nuestro círculo familiar más íntimo en la nueva rutina.

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