La clave del éxito para abordar con los niños algún aspecto acerca tema de la sexualidad está en la naturalidad. Sabemos que es una conversación que los padres prefieren eludir o dilatar, y si es posible, incluso delegar a otros, como por ejemplo, a los maestros en la escuela. Sin embargo, debemos superar la vergüenza común que causa el verse en la necesidad de responder a las inquietudes de los niños sobre el tema, o la incomodidad que causa el tratar el asunto con ellos por necesidad de corregir una conducta.
Se cree comúnmente que el momento propicio para hablar del asunto es en la adolescencia, pero realmente el momento ideal es cuando los niños empiezan a identificar las partes de su cuerpo. Aunque los iniciamos en este asunto de forma muy básica apenas nacen al seleccionar un nombre propio de su género, así cómo la ropa, juguetes y decoración de su habitación según su sexo, luego solemos detenernos en darle más información hasta muchos años después.
Los niños deberían encontrar en su casa las respuestas a sus dudas acerca de la sexualidad, pues de lo contrario buscarían esa información de fuentes poco convenientes, como compañeros de clases (que pueden haber inventado sus respuestas o haberlas obtenido de forma equívoca de otras personas, bien o mal intencionadas). Evitemos que calmen su curiosidad por medios como el internet, donde abunda material relacionado al tema que no es adecuado para ellos.
Pero no sólo debemos procurar ser la primera opción de nuestros niños para preguntar, si no asegurarnos que la respuesta sea lo suficientemente completa como para aclarar sus dudas. Por ello, debemos anticiparnos a las preguntas y prepararnos con las respuestas apropiadas para la edad del niño, y lo más importante, debemos estar tranquilos para tomar la tarea con naturalidad. Repasemos y evaluemos si las aclaratorias que nos dieron a nosotros cuando niños sobre el tema fueron las más adecuadas, y recordemos de quien o de donde obteníamos normalmente las respuestas a nuestras inquietudes sobre el sexo.

La clave está en procurar la información justa sobre el tema, lo que significa que sea verídica, apropiada y oportuna. Mientras más joven es el niño, más simple debe ser la explicación, adecuada para su edad, sin dar mayores detalles, pero debe ser apegada a la verdad.
Con ello, se evitan confusiones y se modera el impulso del niño a explorar (sobre todo si no le ve sentido a una explicación), aunque debemos entender que esto es natural y no debe causar alarmas. Pueden usarse metáforas o analogías apropiadas para ilustrar a un niño pequeño, que faciliten la comprensión de la verdad sin ser tan gráficos, pero siempre debemos prever que nuestras exposición puedan despertar nuevas interrogantes en ellos, y que pueden llevarnos a una callejón sin salida, sin una argumentación lógica que dar, perdiendo nuestra credibilidad. Al respecto, la historia de la cigüeña tiene muchas debilidades. En todo caso, es preferible explicar que «papá colocó una semilla en mamá con mucho amor».
La diversidad de sobrenombres que tienen los órganos sexuales viene de la pena de hablar directamente sobre ellos. Al decirle «pipí» al pene o «coquito» a la vagina, continuamos con la connotación vergonzosa que existe para hablar sobre el tema, y seguimos con el paradigma que nos enseñaron.
Es importante resaltar que, al llegar el momento, debemos mantener un lenguaje corporal que muestre naturalidad al responder la duda del niño. Las señales de nerviosismo pueden conllevar que el niño se sienta incómodo y lo piense dos veces antes de preguntar a su padre la próxima vez que tenga dudas o curiosidad. La información que les damos a los niños, es importante, pero la forma en que se la damos, es aún más importante.
