Desahogo disfuncional de la rabia

Existe la tendencia a confundir la auténtica resolución de conflictos con el desahogo disfuncional de las emociones. Mis pacientes en consulta suelen manifestar que al discutir con sus parejas, hijos, padres u otros han empleado todo tipo de recursos para decirles cómo se sentían y lo que le molestaba: desde el grito al sarcasmo, el reproche, haciendo uso de tono de voz bajo, alto, etc; y usando todas estas estrategias siempre concluyen que no encuentran que más hacer porque todo sigue igual en la relación.

Pero allí no existe en ningún caso una resolución real del problema. En cualquiera de esos casos, lo que se hizo fue plantear un sentir de la manera en la que cada quien ha aprendido con los años: gritando, amenazando, usando ironías, humor negro y emitiendo juicios de valor. Todas estas estrategias las encuadro como desahogo emocional disfuncional, ya que nos permite drenar el malestar de una manera inapropiada, en búsqueda de un alivio temporal, pero sin resolver el problema de fondo. 

A todos nos ha pasado que acumulamos sentimientos negativos ante un asunto y en el momento más crítico hemos expresado nuestra opinión con todas las fuerzas del disgusto acumulado. Si bien momentáneamente esto brinda un alivio, a la larga el problema se agranda ya que generamos resentimiento en el otro, haciendo más difícil la resolución real del asunto.

La rabia es un sentimiento natural en el ser humano pero la manera en que la drenamos hace la diferencia ante nuestros seres queridos. La manera disfuncional de manejar la rabia por lo general son tres:

1)     Gritar y decir cualquier tipo de ofensa verbalmente

2)     Lanzando objetos como puertas, teléfonos celulares, controles remotos, etc.

3)   Lastimando físicamente a la pareja o a nosotros mismos, como golpeando las paredes con el puño.

Estos desahogos disfuncionales de las emociones son como el tener un carbón en las manos y lanzarlo con fuerza a esa persona que nos hace enojar: podríamos acertar en golpearle, pero la mano después nos queda quemada. Nos desahogamos, pero terminamos perjudicando a nosotros mismos y al otro; y el problema que causó la reacción seguirá allí, y probablemente lo habremos empeorado. Luego de drenar nuestras emociones sin resolver las diferencias de fondo, en cuestión de días o semanas se presentará una situación para volver a discutir por lo mismo y este es el indicativo que no ha habido una resolución real del conflicto.

La clave para evitar que la rabia conduzca nuestra conducta está en pedir espacio y retirarnos cuando sintamos que vamos a llegar al punto de no retorno y actuar de alguna de las formas disfuncionales planteadas antes. La rabia no es como un botón que se prende y apaga en nuestro cerebro. Es más bien como un termómetro que va subiendo a medida que nos vamos enojando y la idea es tomar medidas antes que el termómetro estalle.

Para ayudar a nuestro cerebro a frenarse a tiempo, sugiero realizar una actividad que permita drenar la rabia sin efectos colaterales perjudiciales. Esa actividad es muy particular para cada quien, a algunos les sirve escuchar música, a otros hacer ejercicios, bañarse, leer, ver televisión, manejar, caminar, limpiar, etc. La idea es encontrar esa actividad que me permita drenar la emoción sin generar daños a otros o a mí mismo.

Para mayor detalle sobre este tema, en mi libro «ORÍGENES DEL DESAMOR: Errores comunes en las relaciones de pareja…y cómo evitarlos« explico el mecanismo de funcionamiento de la rabia, y cómo desactivarla apropiadamente, a fin de evitar agravar el conflicto no sólo con nuestro compañero sentimental, sino con cualquier persona con la que interactuemos, y a lo largo del tercer capítulo expongo los principios de toda resolución auténtica de conflictos y las características de una negociación efectiva y eficaz.

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