Debemos mantener un equilibrio en las diferentes facetas que interpretamos en la vida adulta, como pareja, como padres, como profesionales y, no lo olvidemos, en nuestra atención a nuestras propias necesidades individuales
El rol profesional absorbe una buena cantidad de vitalidad por estar en esa búsqueda de crecimiento. Por otro lado los hijos desde que nacen hasta los 5 años aproximadamente requieren mucha atención ya que su nivel de independencia es muy limitada. Así, las parejas se encuentran con pocos espacios para dedicarse a ellos exclusivamente durante estos años de crecimiento profesional y familiar.
A fin de evitar descuidar alguna de las diferentes áreas que representa nuestra vida y comprometer nuestra felicidad, no debemos olvidar que somos la suma de todos esos roles que hemos asumido.

Por ejemplo, cuando se presenta un conflicto de pareja, muchos olvidan atender las otras áreas de su vida y dejan de invertirles tiempo y esfuerzo, lo que producirá eventualmente otros problemas. La disfuncionalidad en la relación los lleva a caer círculos tóxicos de supervivencia que hacen que uno o ambos sientan que el caos que viven en esa faceta de sus vidas es lo único que existe en su mundo. Esta distorsión de la realidad hace que descuidemos otros roles que también necesitan ser atendidos, como el de padres o el profesional.
En ocasiones, estas crisis se hacen tan extensas en el tiempo e intensas en emocionalidad que hacen olvidar a quienes las viven que sus hijos necesitan de sus padres, naciendo una desconexión que genera desordenes en la familia. Así, podemos observar hijos ocupando roles que no les corresponden en el hogar, quienes asumen esta posición impropia por el amor que le tienen a sus padres y por crear una conexión con ellos.
Este movimiento suele ser desapercibido en la familia, y ocurre particularmente durante los tiempos de crisis, como explico en el cuarto capítulo de mi libro EL PODER DE LA SERENIDAD. Cuando ese hijo, que creció siendo la pareja de su mama o de su papa le toque emprender su vida propia, tendrá que arrastrar una carga emocional como costo de esa situación que le tocó vivir. Éste presentara muchos problemas para hacer una familia, probablemente por miedo a abandonar a ese padre o decide no hacerla para poder seguir supliendo sus necesidades al costo de su propia felicidad.

En la familia son los adultos los que tienen más herramientas para resolver sus asuntos de pareja. Si necesitan asistencia, lo apropiado es que busquen una ayuda profesional en terapia. Mientras se ocupen de manera inmediata y comprometidos al cambio volverán a encontrarse como sociedad de vida y, lo más importante, no le dejaran a sus hijos heridas emocionales por un manejo inadecuado de su relación que les pueda generar a ellos incluso una aversión para formar su propio hogar. En mi libro ORÍGENES DEL DESAMOR explico cómo las conductas equívocas dentro de una relación de pareja pueden afectar por generaciones a su descendencia, bien sea por modelaje o por vinculación.
Como afirmo desde el principio, el equilibrio de los roles es una oportunidad para tomar distancia de aquellos problemas que nos tienen agotado en un área, para luego poderlo mirar con una perspectiva más amplia y con mayores posibilidades de solución. En todo caso, no dejes que tu ahogo en una sola faceta de tu vida afecte el esfuerzo que has hecho en las otras. Tú y los tuyos se lo merecen.
