Tu propia máquina del tiempo

Los postulados de la física de partículas nos hablan de un universo donde la materia se presenta en nuevas formas, distintas a sus clásicos estados conocidos como sólido, líquido y gaseoso. En ella, la luz, por ejemplo, como una onda electromagnética, también es materia, y es afectada por fenómenos como la gravedad, viajando en una especial interrelación con el tiempo.

Allí la famosa teoría de la relatividad de Albert Einstein entra a la escena científica, postulando al tiempo como una cuarta dimensión, que debía considerarse a nivel cósmico como una coordenada más en el espacio conocido. Es por ello que, desde hace décadas, teóricos y científicos han trabajado en la relación espacio-tiempo, llevando a muchos a pensar, imaginar, analizar y hasta soñar en la posibilidad de desplazarnos por el tiempo como lo hacemos en el espacio.

Hasta ahora, limitado a ensayos matemáticos teóricos, esa fantástica idea no ha despegado aún del terreno de la ciencia ficción. Podríamos pensar que no existe la tecnología alcanzar ese hito, o que la empresa es sumamente costosa (o peligrosa) o que sencillamente la hipótesis es errónea, y tal paseo temporal, sencillamente sería imposible.

Pero recientemente, nuevas tendencias en el campo de la física y el pensamiento están presentando nuevas visiones e interpretaciones del universo, las cuales podrían sugerir que probablemente se estaba usando un enfoque equivocado del tema, o por lo menos, que nos conducía por una camino más largo hacia la verdad, porque hemos imaginado un viaje en el tiempo desde la perspectiva de los 5 sentidos tradicionales, un viaje de la materia en los 3 clásicos estados que mencionamos antes y que vemos, tocamos y sentimos a diario. Pero no olvidemos, que existe una enorme realidad que escapa a nuestra vista, y a todos los demás sentidos. El que un ciego no pueda ver no significa que no exista la luz.

La materia se transforma en energía, y la energía a su vez en materia, en un ciclo perpetuo desde el mismísimo Big Bang. Nada en el universo se crea ni se destruye, sólo se transforma. Desde hace varios años, la física cuántica ha investigado la naturaleza y los efectos de la energía y la materia en el cosmos, enfocándose en esos procesos de transmutación. Y uno de los interesantes descubrimientos a destacar, comprobado reiteradamente en famosos y reconocidos estudios, es la identificación del pensamiento como una forma de energía que puede materializar efectos, a nivel molecular y más allá.

¿Qué es el pensamiento a nivel físico? Ciertamente es el resultado de miles de millones de conexiones eléctricas, sinapsis que ocurren a nivel celular entre las dendritas en la masa cerebral de cada uno de nosotros. Esta actividad energética no se queda dentro de nuestras cabezas. Genera ondas electromagnéticas, que como antenas emisoras de radio, transmiten información, y que poseen las mismas características físicas de la luz. Son ondas y partículas a la vez, es decir, son energía y materia. El pensamiento viaja a la velocidad de la luz y pueden atravesar y alterar los objetos. Pero lo más importante: como la luz, el pensamiento es la conexión física entre el tiempo y el espacio.

Un conocido experimento efectuado por el Dr. Masuro Emoto ilustra de manera revolucionaria el poder de la mente para alterar la materia. En este ensayo, diversas botellas selladas de agua y etiquetadas con palabras que evocaban distintas emociones fueron expuestas a multitudes en el sistema de metro de Tokio, y su análisis posterior reveló que la estructura molecular del agua en cada recipiente presentaba diferentes características, aunque venían de la misma fuente. El caos reinaba en el agua etiquetada con conceptos que inspiraban pensamientos negativos. Existen documentales sobre este ensayo, y aquí se comparte un video con un extracto sobre esta experiencia.

Después de esta breve introducción de los antecedentes teóricos y experimentales que nos brinda la física cuántica, es inevitable reflexionar sobre las posibilidades, poder y alcance de nuestros pensamientos. Mucho se conoce de sus efectos en nuestro estado de ánimo, sobre nuestras motivaciones y emociones, e incluso sobre nuestra salud física. También se ha hablado del poder de la visualización para lograr nuestros objetivos a través de nuestro accionar diario y la planificación. ¿Pero qué hay de la potencial materialización de efectos en nuestro entorno, que pudiera ser causado por el pensamiento entrenado, direccionado y enfocado?

Si la mente es la fuente de nuestros pensamientos, donde los pensamientos son energía, y la energía se transforma en materia (o la altera, como demostró el Dr. Emoto), entonces las posibilidades son enormes, inimaginables.

Pero el pensamiento también viaja y se comporta como la luz, existiendo en un plano donde el tiempo representa otra dimensión en el espacio. Entonces, nos podríamos preguntar ¿será posible cambiar el pasado, presente y el futuro con el pensamiento? ¿será la mente una máquina del tiempo?

Es sencillo comprender que el presente puede ser cambiado por nuestros pensamientos actuales, alterando nuestro mundo interior y también la realidad exterior y física. E incluso, lo siguiente que fácilmente deducimos es que un cambio en el presente afectaría nuestro futuro inmediato, o incluso a mediano o largo plazo.

Lo cierto es que la mente, a través de la visualización, puede materializar eventos en el futuro. Así, por ejemplo, al imaginar insistente un logro al que aspiramos, podríamos estar incidiendo en que los hechos ocurran de la manera para propiciar esa meta, inclusive en aquellos que están sujetos al azar o los que no dependen aparentemente de nosotros.

Es por ello que es tan importante mantener una actitud optimista, porque a la final, el pensamiento, como energía, puede tener una carga positiva o negativa.  Al enfocarnos en ese evento futuro, incidimos en construirlo según nuestra voluntad, aunque en el camino ocurran eventos que pareciera que nos impidieran o nos desviaran del objetivo. Dejemos que nuestro pensamiento viaje al futuro y materialice allá la realidad por venir.

Si determinados eventos del pasado afectan nuestra vida en el presente, deprimiéndonos o generando una atadura que nos impide actuar hoy como queremos, entonces traslademos nuestra mente a ese momento atrás en el tiempo. Demos otra mirada a esos sucesos de ayer, interpretándolos de una forma positiva, perdonando lo que debamos perdonar para sanar en el presente y seguir adelante al futuro.

Puede que los eventos de hoy nos cause frustración. En ese caso, usemos nuestra memoria para viajar al pasado, a mejores momentos, buscando fuerzas en esos recuerdos que tanto atesoramos, y de allí, podríamos dar un paseo en el tiempo hacia el futuro, imaginando algunas de las infinitas posibilidades para escribir nuestro destino.

Si por el contrario, nos asusta la incertidumbre del futuro, causándonos ansiedad, también podríamos optar por enfocarnos en el hoy, en ese presente, que es un regalo,

En mi libro EL PODER DE LA SERENIDAD detallo cómo los principales desafíos emocionales en toda crisis están enmarcados en un espacio temporal específico. Así, la depresión tiene un origen en nuestros pensamientos negativos hacia el pasado, lamentando lo que perdimos. Por su parte, la frustración e impaciencia nace de nuestro enfoque a los problemas del presente y finalmente la ansiedad es producto del temor por los eventos que pudieran ocurrir en el futuro. A lo largo de los primeros 3 capítulos de esta obra explico cómo viajar en el tiempo dentro de nuestra mente para poder sortear estos retos en los momentos de dificultad

Una última reflexión: nuestro pensamiento sobrevive a nuestro cuerpo, se proyecta en el universo como energía hasta la eternidad. Nuestras ideas perduran en el tiempo en la forma que han inspirado o afectado a otros, quienes pueden actuar como estaciones repetidoras, como antenas de nuestro ser proyectado al infinito.

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